Augusto Comte
(Auguste
Comte; Montpellier, 1798 - París, 1857) Pensador francés, fundador del
positivismo y de la sociología. Con la publicación de su Curso de filosofía
positiva (1830-1842), Augusto Comte apadrinó un nuevo movimiento cultural del
que sería considerado iniciador y máximo representante: el positivismo. Tal
corriente dominaría casi todo el siglo XIX, en polémica y algunas veces en
compromiso con la tendencia antagonista, el idealismo. Como todos los grandes
movimientos espirituales, el positivismo no se deja fácilmente encasillar en
las etiquetas de una definición estricta y precisa. En sentido muy lato, puede
decirse que es una revalorización del espíritu naturalista y científico contra
las tendencias declarada y abiertamente metafísicas y religiosas del idealismo.
El positivismo
Augusto
Comte tomó el término positivismo del que había sido su maestro, Saint-Simon,
responsable de su acuñación a partir de la expresión “ciencia positiva”,
aparecida en el siglo XVIII. En la historia de la filosofía, se designa con
esta palabra la corriente de pensamiento iniciada por Comte; surgida así en
Francia en la primera mitad del siglo XIX, pronto se desarrollaría en todos los
países occidentales durante el resto de la centuria.
Aunque
se entiende el positivismo como filosofía contrapuesta al idealismo y, en
particular, a la figura de Hegel (1770-1831), positivismo e idealismo hegeliano
tienen puntos en común. Ambas corrientes parten de Kant (1724-1804), aunque
desarrollan aspectos distintos: el idealismo, la idea kantiana de la actividad
creadora de la conciencia; el positivismo, la necesidad de partir de datos y la
negación de que el conocimiento metafísico pueda superar al científico. Como
Kant, Comte cree inalcanzable el objeto de la metafísica porque el saber humano
no puede ir más allá de la experiencia, y, al igual que Hegel, aborda la
concepción de la historia universal como un proceso unitario, evolutivo y
enriquecedor.
A
pesar de la constatación de tales puntos de acuerdo, en la configuración de la
filosofía del positivismo influyeron también otras corrientes varias, alejadas
del idealismo: el empirismo inglés representado por John Locke (1632-1704) y
David Hume (1711-1776), el materialismo (como negación de las substancias
espirituales y reconocimiento únicamente de la existencia de substancias
corpóreas) y el escepticismo del siglo XVIII francés.
La filosofía positivista
Inducido
por el propósito de mostrar que la tendencia que sigue la filosofía es la de
acabar siendo absorbida por la ciencia, Augusto Comte enfocó su estudio hacia
el conocimiento de los hechos y de la sociedad, prescindiendo de cualquier tipo
de anteposición de doctrina filosófica alguna. Así pues, convencido de que el
objeto de la ciencia eran indudablemente el progreso y la paz, la metafísica tradicional
(a la que tildó de especulativa por recrearse en polémicas insolubles) fue el
blanco de sus críticas, si bien no como defensa de una postura filosófica o
tesis elaborada, sino como una conclusión ineludible: el final de la metafísica
era el resultado natural de la madurez que iba alcanzando la humanidad en su
proceso evolutivo.
El
positivismo de Comte es un discurso complejo que comprende al menos una teoría
sobre el conocimiento, una interpretación sobre el sentido de la historia y una
posición política ante la sociedad. En cuanto a lo primero, el positivismo
afirma que, en sentido estricto, el conocimiento lo es sólo de datos
verificables o “hechos” (esto es, de fenómenos cuya regularidad puede ser
contrastada al modo de, por ejemplo, una ley física o química) y que todo
conocimiento, además de cierto (indudable, exacto) y sistemático, ha de ser
útil, es decir, ha de traducirse no en teorías, sino en un aumento de la
capacidad de control e intervención tecnológica sobre los fenómenos.
Lo
que caracteriza el advenimiento de una ciencia es el paso de una explicación
teológica (las causas de los fenómenos son atribuidas a divinidades), o bien
metafísica (las causas de los fenómenos son abstracciones personificadas), a
una explicación positiva. Un saber positivo es un saber que instituye unas
relaciones entre los hechos y renuncia a la explicación absoluta; no busca las
esencias ni las causas de las cosas sino las leyes que las gobiernan. La
ciencia positiva aspira a saber únicamente aquello que es posible saber; es una
actitud de pensamiento que sustituye la pregunta "¿por qué?" por la
pregunta "¿cómo?".
En
cuanto a la historia, Augusto Comte considera que la humanidad progresa hacia
el bienestar y la felicidad generales, poniendo el desarrollo científico y
tecnológico como motor y meta de ese proceso. Es la llamada ley de los tres
estados, según la cual la humanidad había ya pasado por dos etapas, denominadas
por el propio Comte “teológica” y “metafísica”.
En
la etapa teológica, los fenómenos naturales se explicaban por causas
extrínsecas a la naturaleza e intervenciones sobrenaturales (por ejemplo,
dioses o seres mitológicos); en la etapa metafísica, las fuerzas sobrenaturales
fueron sustituidas en la explicación por esencias, causas o fuerzas inmanentes a
la naturaleza pero ocultas, que sólo podían ser confiadas al pensamiento
abstracto (por ejemplo, el concepto de gravedad en física). La época
contemporánea corresponde, a su entender, a una tercera etapa: la “científica”
o “positiva”. En el estado “positivo” acabarán por borrarse los vestigios de
las etapas anteriores, y el pensamiento abstracto y deductivista será
sustituido por la comprobación experimental.
Por
esa misma razón, la filosofía se convertirá en “positiva”, y su característica
será que reconocerá que el verdadero saber humano se halla en las ciencias (una
matemática, física, química o biología desarrolladas ya de manera autónoma);
tal filosofía, ajena a cualquier intento de definir esencias, se dirigirá, en
cambio, al establecimiento de los hechos y de las leyes que los regulan. En sus
últimos años, sin embargo, Comte estableció una síntesis subjetiva de sus
planteamientos anteriores resumida en el concepto de “religión de la
humanidad”, duramente criticada por su discípulo Émile Littré por considerarla
una vuelta al espíritu teológico.
Por
último, el positivismo de Comte entiende los problemas sociales como desórdenes
orgánicos del sistema y propone como solución reformas (ejecutadas por el poder
y a la fuerza, si es necesario) que integren funcionalmente a todos los
miembros de la sociedad, a la humanidad entera. Comte considera que el progreso
social es paralelo al desarrollo de las ciencias positivas, advirtiendo en las
ciencias una relación inversamente proporcional entre el grado de complejidad y
el ámbito de aplicación. Así, la primera ciencia serían las matemáticas,
aplicables a todos los campos, pero de complejidad reducida. Después vendrían
la física, la química, etc., hasta llegar a la ciencia más compleja de todas y
cuyo único ámbito de aplicación sería la sociedad humana: la sociología. El
objetivo último de la sociología sería controlar el sistema social
estableciendo de manera positiva y útil relaciones entre sus diversos
fenómenos.
La sociología
Por
las ideas contenidas en el párrafo anterior se considera a Augusto Comte el
fundador de la sociología. Para Comte, la creación de una sociología
independiente está dirigida por la ley de la evolución del espíritu humano. Al
emprender la famosa clasificación de las ciencias, Comte enumera seis de ellas,
que clasifica por orden creciente de complejidad, de las más generales a las
más particulares: las matemáticas, la astronomía, la física, la química, la
biología y la sociología.
Pero
esta última todavía ha de ser creada. De ahí el tema constante del pensamiento
de Augusto Comte: el progreso científico no es nada si no culmina en una
ciencia social, y la ciencia social no puede establecerse si las ciencias que
la preceden en la clasificación no han sido lo suficientemente desarrolladas.
Comte imaginaba esta sociología aún no constituida (por la enorme dificultad
que entraña explicar la complejidad del comportamiento social) como una
"física de las costumbres" o "física social" que
descubriría las leyes de las asociaciones humanas y permitiría formular una
reforma práctica de la sociedad, regulando su destino ético y político.
Comte
entiende la sociología como ciencia de los hechos humanos, y, a tenor de lo ya
expuesto, es evidente que los hechos humanos se inscriben en la historia.
Estudiarlos desde el punto de vista de su evolución es estudiar la dinámica
social. Esta rama de la sociología encierra la ley del progreso de la
humanidad, es decir, la ley de los tres estados que constituye la filosofía de
la historia de Comte, en la cual el estado político está condicionado por el
estado intelectual y por las creencias de una época.
Debe
subrayarse sin embargo que, para Comte, la evolución de la humanidad no es
discontinua: el paso de un estado a otro es anunciado por signos precursores, y
siempre subsisten, en cada estado, vestigios del estado precedente. Así, el
desorden de las mentes que culminó en 1789 se fue preparando desde el siglo XIV
(decadencia del poder espiritual). Una época orgánica se extingue mientras otra
se prepara.
Pero
el progreso desemboca en el orden: toda evolución termina en un estado de
equilibrio cuyo estudio es objeto de la estática social (a la que está dedicado
el Sistema de política positiva, mientras que el Curso de filosofía positiva
tiene por objeto la dinámica social). ¿Cuál es el fundamento del equilibrio de
una sociedad positiva? No la Providencia (idea teológica), sino el
descubrimiento positivo de que todo individuo sólo es lo que es por referencia
a una vasta totalidad, la Humanidad. A partir de este tema, Augusto Comte
construyó una teoría del Estado fundada en la religión de la Humanidad, una
religión en la que los sumos sacerdotes tendrían que ser los sabios y los
filósofos; tal religión, en la formulación de Comte, contenía además una serie
de elementos cuanto menos pintorescos, y fue rechazada por muchos positivistas.
No hay comentarios:
Publicar un comentario